Subí las
escaleras con total normalidad, tenía un hambre de muerte. Así que me fui a la cocina
–buscaba los macarrones de la noche anterior– y di buena cuenta de ellos. Ahora
lo pienso y fue una reacción bastante primaria.
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| Ermita |
Me comí lo que había
en la sartén, que era algo más que un plato con colmo. Y bien desayunado, me
tumbé un momento en la cama de matrimonio,… para hacer una buena digestión…
(Como ya dije me voy por las ramas, no creo que tenga mucho interés mi
desayuno. Pero ya se queda así).
Pues eso, que me quedé totalmente sopa. Al
despertarme, me dí cuenta de la seriedad del tema. Y es que al intentar moverme
era una peonza. Una parte del cuerpo estaba dormido. ¡Vaya, que no me valía
para nada!
Cuando conseguí
sentarme en la cama, ya estaba fundido. Me agarré a un cordón que colgaba
de la puerta a modo de pomo. Tenía que ponerme en pie, pero estaba claro, no
podía fiarme de lo que mis piernas fueran capaces de hacer. Y desde luego, no
era dueño de mis movimientos. Había que intentar mover ficha, y en un segundo
que se hizo eterno, tuve que planificar la forma de llegar al tresillo de
la salita. En condiciones normales, de la cama al sillón no supera los tres
pasos. Bueno ya estaba decidido. Tiré hacia mí del cordón, que al tensarlo
movió la puerta, y pude ponerme en pie. Me conseguí apoyar en medio del
bastidor de la puerta. Ya tenía un pie en cada una de las habitaciones.
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| Cástaras Duerme |
Por fin, en la
sala de estar, tenía el tresillo a mano –todo controlado–, un poco de
comodidad. Y entonces hice lo que tenía pensado, aunque un poco rápido. Me dejé
caer.Sentado, empecé
a plantearme dar una voz para llamar a Juanmi. Pero antes me fumé un pitillo. A
fin de cuentas, nunca me ha molestado fumar en el suelo. ¡Mi trasero nunca
llegó al sofá!
–¡Juanmi! ¡Juanmiii...! ¡Isii, Isidro...! ¡Juanmiii, Juan Miguel!
–¡Juanmi!
¡Juanmiii...! ¡Isii, Isidro...! ¡Juanmiii, Juan Miguel!
Por lo general
uno empieza a llamar a la gente con cierta tranquilidad, que no suele durar más
de cinco minutos. Al pasar este tiempo el tono de la voz pasa de una falsa
tranquilidad a un cierto acojonamiento unido con un poco de desesperación;
parece que no fuesen a recogerte. Y acto seguido, cuando llegan hay que
llevarlo todo con mucha normalidad. A lo duro, duro. Una sonrisita y:
"Qué va, acabo de caerme”.
Juanmi no tardó
en llegar, seguido de Isidro. Ya antes de verme, Juanmi sabía lo que
había ocurrido. Entre los dos me levantaron y empezamos a estudiar las posibilidades.
No teníamos ni idea de lo que estaba ocurriendo. Algo muy serio se avecinaba.
Pero nadie se atrevía a nombrar ninguna enfermedad, aunque todos pensamos en unas
pocas.
Esa mañana
tocaba retirada, y la cosa se había complicado un poco. ¿Qué manera había
de volver a Málaga sin coche? Volvimos a pedirnos un tiempo para recomponer la
situación.
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| Candela |


