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domingo, 28 de julio de 2013

CADA VEZ MAS DESCONCIERTO

Subí las escaleras con total normalidad, tenía un hambre de muerte. Así que me fui a la cocina –buscaba los macarrones de la noche anterior– y di buena cuenta de ellos. Ahora  lo  pienso y fue una reacción bastante primaria.

Ermita
Me comí lo que había en la sartén, que era algo más que un plato con colmo. Y bien desayunado, me tumbé un momento en la cama de matrimonio,… para hacer una buena digestión…  (Como ya dije me voy por las ramas, no creo que tenga mucho interés mi desayuno. Pero ya se queda así).

Pues eso, que me quedé totalmente sopa. Al despertarme, me dí cuenta de la seriedad del tema. Y es que al intentar moverme era una peonza. Una parte del cuerpo estaba dormido. ¡Vaya, que no me valía para nada!
Cuando conseguí sentarme en la cama, ya estaba  fundido. Me agarré a un cordón que colgaba de la puerta a modo de pomo. Tenía que ponerme en pie, pero estaba claro, no podía fiarme de lo que mis piernas fueran capaces de hacer. Y desde luego, no era dueño de mis movimientos. Había que intentar mover ficha, y en un segundo que se hizo  eterno, tuve que planificar la forma de llegar al tresillo de la salita. En condiciones normales, de la cama al sillón no supera los tres pasos. Bueno ya estaba decidido. Tiré hacia mí del cordón, que al tensarlo movió la puerta, y pude ponerme en pie. Me conseguí apoyar en medio del bastidor de la puerta. Ya tenía un pie en cada una de las habitaciones.
Cástaras Duerme


Por fin, en la sala de estar, tenía el tresillo a mano –todo controlado–, un poco de comodidad. Y entonces hice lo que tenía pensado, aunque un poco rápido. Me dejé caer.Sentado, empecé a plantearme dar una voz para llamar a Juanmi. Pero antes me fumé un pitillo. A fin de cuentas, nunca me ha molestado fumar en el suelo. ¡Mi trasero nunca llegó al sofá!
–¡Juanmi! ¡Juanmiii...! ¡Isii, Isidro...! ¡Juanmiii, Juan  Miguel!
–¡Juanmi! ¡Juanmiii...! ¡Isii, Isidro...! ¡Juanmiii, Juan  Miguel!


Por lo general uno empieza a llamar a la gente con cierta tranquilidad, que no suele durar más de cinco minutos. Al pasar este tiempo el tono de la voz pasa de una falsa tranquilidad a un cierto acojonamiento unido con un poco de desesperación; parece que no fuesen a recogerte. Y acto seguido, cuando llegan hay que llevarlo todo  con mucha normalidad. A lo duro, duro. Una sonrisita y: "Qué  va, acabo  de caerme”.

Juanmi no tardó en llegar,  seguido de Isidro. Ya antes de verme, Juanmi sabía lo que había ocurrido. Entre los dos me levantaron y empezamos a estudiar las posibilidades. No teníamos ni idea de lo que estaba ocurriendo. Algo muy serio se avecinaba. Pero nadie se atrevía a nombrar ninguna enfermedad, aunque todos pensamos en unas pocas.

Esa mañana tocaba retirada, y la cosa se había complicado un poco.  ¿Qué manera había de volver a Málaga sin coche? Volvimos a pedirnos un tiempo para recomponer la situación.






Candela

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